El Vínculo Vacío: El Fin de la Espera Parte I

 

Hoy tomé una decisión que parece pequeña en la pantalla de un celular, pero que es inmensa en el corazón: he eliminado tu número de mi lista de contactos. Al hacerlo, me di cuenta de lo incoherente que suena esa frase. La palabra «contacto» implica un vínculo, un roce, un ida y vuelta; y eso es precisamente lo que, desde hace mucho tiempo, dejó de existir entre nosotros.

Quizás en el pasado fuimos grandes amigos. Hubo una época en la que nos escuchábamos, en la que el eco de nuestras voces construía un refugio. Pero ese puente se desplomó. Los silencios se hicieron eternos y las ausencias se volvieron la norma. Hoy, si volviéramos a cruzar palabra, tendría que admitir una verdad incómoda: ya no te conozco o, al menos, tú ya no eres la persona que yo recordaba.

Palabras sin peso, historias sin alma

Me nace entonces una pregunta: ¿Realmente quieres que te conozca? Tu respuesta la sé de memoria, pero ya no me basta. Son solo palabras protocolares, frases hechas que se dicen para cumplir, pero que carecen de peso en una verdadera historia de amistad. El afecto no se dice, se ejerce.

He comprendido que los amigos también se cambian o, mejor dicho, se dejan ir. Quedarme sentada esperando una llamada que no llega o un encuentro que siempre se posterga es encadenarme a un fantasma. Es vivir de lo que ya no hay.


Comentarios