Análisis Filosófico: La Persecución en Tiempos de Democracia

 

Hoy, como es mi costumbre, quiero realizar un análisis reflexivo sobre el concepto de persecución y sus devastadoras consecuencias. En esta ocasión, me enfoco específicamente en dos vertientes que asfixian nuestra sociedad: la persecución judicial y la persecución política-partidaria.

1. La Persecución Judicial: ¿Derechos o Burocracia?

Desde hace años observamos el sufrimiento de quienes son blanco de procesos judiciales cuestionables. Un caso emblemático es el de Alicia Peressutti. Este tipo de situaciones nos lleva, como ciudadanos, a dudar de las instituciones que deberían protegernos: ¿hasta dónde están realmente resguardados nuestros derechos?

En estos escenarios, la palabra final recae en un Juez; un individuo que se rige por reglas rígidas y, a menudo, carentes de flexibilidad humana. Mientras los procesos se dilatan, la realidad golpea con fuerza: instituciones dedicadas a combatir la violencia, la trata de personas y las adicciones quedan desamparadas. Aquí surge la duda ética: ¿Estamos priorizando el bienestar de los ciudadanos o el control del dinero?

2. La Persecución Política: El Precio de la Integridad

Por otro lado, encontramos la persecución política-partidaria. Esta es más insidiosa: si no te "vendes" o rechazas ofrecimientos bajo la mesa, el sistema se encarga de arruinar tu vida y la de tu familia.

Lo digo por experiencia propia. Hace tres elecciones, cuando me preguntaron qué pretendía del Consejo, fui claro: no buscaba cargos políticos. Mi único pedido fue que se tramitara la pensión por discapacidad que solicito desde 2009 y que se me permitiera seguir trabajando al servicio de la gente.

  • El primer color partidario me exigió 200 afiliados a cambio de gestionar un derecho que me corresponde por ley y por salud. Me negué. No voy a usar ni coaccionar a nadie para mi beneficio personal.

  • El segundo color partidario me exigió mi propia afiliación para dejarme trabajar como lo hago desde 1978. Mi respuesta fue la misma: "Yo no me caso con nadie". Si se me valora, debe ser por mi trayectoria y por lo que aporto al ciudadano.

Las Consecuencias del "O estás conmigo, o mueres"

Como respuesta a mi integridad, la estrategia fue el reemplazo: colocaron grupos militantes para desplazar mi labor, empujándome a una situación de indigencia y burla.

Es alarmante que ambas formas de persecución ocurran en plena DEMOCRACIA. Me pregunto:

  • ¿En qué momento nos olvidamos de nuestra humanidad?

  • ¿En qué momento olvidamos que la democracia debe defender los derechos humanos universales?

Hoy, parece que el lema imperante es: "O estás conmigo, o mueres". La coacción y la persecución están tirando al tacho todo lo que logramos en 1983. Recuperamos la democracia, sí, pero parece que hemos perdido el respeto por el ser humano.

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