La sabiduría de los hijos Parte II cap. anterior

 


A veces, la claridad llega desde afuera. Mis hijos, con esa honestidad punzante que los caracteriza, me lo dicen siempre: —¡Má!, ¿por qué seguís esperando algo de una persona que nunca te dio nada?

Qué palabras tan sabias. A veces nos empecinamos en pedirle peras al olmo o en esperar que una magia inexistente repare lo que está roto. Mientras tanto, nos vamos perdiendo en un camino largo y seco, sin flores ni aromas; un sendero de palabras vacías que ya no reconfortan a nadie.

Dejar de ser Penélope

He decidido quitarte de mi vida digital para empezar un rumbo nuevo. A la edad que tengo, ya no estoy para seguir tejiendo y destejiendo como Penélope, esperando que alguien venga a rescatarme de una soledad acompañada. He naufragado demasiadas veces en la vida y aprendí que, incluso con calambres en el alma, debía nadar hacia la orilla para sobrevivir.

Este es un naufragio más, es cierto. Pero esta vez fui previsora: traje conmigo un salvavidas. Mi nado será más leve, más consciente. Y si me canso, me permitiré flotar y descansar hasta recuperar las fuerzas, sin la angustia de mirar el horizonte buscando un barco que sé que no va a venir.

Te borro de mis contactos porque, al final del día, el único contacto que realmente importa es el que uno mantiene con su propia paz.

Comentarios